Cuando usamos una herramienta de inteligencia artificial, el trabajo ocurre en equipos físicos. Sus procesadores consumen electricidad y generan calor; los centros de datos necesitan retirar ese calor para funcionar.
Algunos sistemas utilizan enfriamiento evaporativo: una parte del agua se evapora y debe reponerse. Esa agua permanece en el ciclo natural, pero deja de estar disponible inmediatamente en la fuente local. Por eso importa distinguir entre extraer agua, devolverla y consumirla por evaporación.
Otros diseños recirculan líquido en circuitos cerrados. Microsoft ha presentado sistemas que llevan refrigeración directamente a los chips y buscan evitar la evaporación de agua para enfriamiento. Son diseños específicos: no describen automáticamente todas sus instalaciones ni eliminan otros usos de agua del edificio.
La ubicación también influye. Un clima frío puede facilitar el aprovechamiento del aire exterior durante parte del año. En Hamina, Finlandia, Google utiliza agua de mar para refrigeración y cuenta con un proyecto de recuperación de calor. Cada solución depende de las condiciones locales y tiene sus propias necesidades de energía e infraestructura.
Por tanto, decir que toda el agua se desperdicia sería incorrecto. Afirmar que toda se recicla sin consecuencias también lo sería. Incluso un circuito cerrado junto a los servidores puede estar conectado a otra etapa de refrigeración que sí consuma agua.
La pregunta útil es más concreta: ¿de dónde viene el agua, cuánta se consume, qué tecnología se utiliza y cómo afecta a la comunidad? También cuenta el agua asociada a producir la electricidad. Evaluar la tecnología exige observar el sistema completo, con datos transparentes y atención al territorio.
